La Región de los Lagos, un recorrido imperdible entre Río de Janeiro y Buzios

Inexplorado por la mayoría de quienes visitan su capital, el estado de Rio de Janeiro cobija en su franja costera de casi 250 kilómetros una serie de atractivos turísticos imperdibles, y la Región de los Lagos, desde las afueras de Niterói hasta Armação dos Búzios, es uno de ellos.
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Inexplorado por la mayoría de quienes visitan su capital, el estado de Rio de Janeiro cobija en su franja costera de casi 250 kilómetros una serie de atractivos turísticos imperdibles, y la Región de los Lagos, desde las afueras de Niterói hasta Armação dos Búzios, es uno de ellos.
Esta región de lagos salados se extiende por más de 170 kilómetros entre morros plenos de selva y playas de arena blanca, desplegando en la distancia varios pueblos litoraleños, cada uno con atractivos propios.
Así, a 46 kilómetros de Niterói, Barra de Maricá es un balneario apacible, precedido por la postal de su lago en perpetuo contraste con los morros lejanos; desde allí, a lo largo de otros 14 kilómetros de camino costero hacia Ponta Negra, se suceden largas playas flanqueadas por infinidad de casas veraniegas.
Con algunos edificios en altura, Ponta Negra cambia la visión del viajero; cortada en dos por un canal que comunica la laguna que lleva su nombre con el mar, tres posadas ofrecen hospedaje muy cerca del faro y su inigualable vista.
Jaconé -también con su laguna- es el siguiente paraje, al que se accede por un camino de siete kilómetros de arena compactada; la vuelta al asfalto preanuncia la llegada a Saquarema, poseedora de la segunda laguna más extensa de la región y de una infraestructura turística variada y completa.
Las playas de Saquarema son visitadas mayormente por el turismo interno; Massambaba, Barra Nueva, Prainha, Boqueirão, Jaconé, Vilatur, Villa e Itaúna, la más concurrida, forman parte del litoral del municipio.
Allí, decenas de restaurantes, puestos de comida y bares abastecen a quienes se albergan en los más de 20 hoteles y posadas, distribuidas principalmente sobre la zona de playas.
Uno de sus atractivos es la iglesia Nuestra Señora de Nazareth, edificada sobre un risco que se adentra en el mar; rumbo a Cabo Frío, la avenida que bordea el lago obsequia con vistas panorámicas únicas.
Hacia el este, la localidad de Araruama, posee un extenso balneario lacustre, São Pedro, donde se puede disfrutar de la mansedad de sus aguas y descansar a la sombra de los numerosos árboles cercanos a la orilla.
La laguna de Araruama fue, durante los años 40 y 50, la mayor fuente de sal de Brasil; desde São Pedro da Aldeia hasta Cabo Frío pueden verse, al filo del camino, extensos mantos blancos que aún hoy son explotados por establecimientos salineros.
La populosa ciudad de Cabo Frío, séptimo enclave de la colonización portuguesa, hace gala de una playa de más de ocho kilómetros; Praia do Forte comienza en el Fuerte San Matheus, bordea el centro de la ciudad y culmina abruptamente al pie de un morro.
La Rua dos Biquínis, con casi 100 puestos de moda, es uno de sus paseos imperdibles y donde, además, se puede degustar una variada cocina regional en base a pescados y mariscos frescos.
Arraial do Cabo, 15 kilómetros hacia el sur, es uno de los puntos turísticos más solicitados de Brasil por la conjugación de sus paisajes: morros, acantilados y playas de arena blanca definen un entorno que aún guarda la imagen de antiguo pueblo de pescadores.
Praia dos Anjos y Praia Grande son las playas con mejores accesos; la primera, con su amarradero y la cercanía del puerto, es elegida por quienes arriban en barcos y veleros; Praia Grande, angosto límite entre la laguna de Araruama y el océano, se extiende entre villas costeras hasta Saquarema con diferentes paisajes, en su mayoría agrestes.
Hacia el sur, el Pontal da Atalaia posee la Prainha do Pontal, un paradisíaco y escondido manto de arena con un mar calmo color esmeralda, ideal para la práctica de buceo; una escalinata de más de 200 peldaños desciende hacia ella, abriendo a la vista una fascinante postal con la Isla de Cabo Frío como telón de fondo.
En la isla, Praia do Farol es un arenal íntimo que sirve como punto de partida de tres circuitos cortos de senderismo hacia las Ruinas do Farol (un antiguo faro), a la Gruta Azul y al Faro Nuevo.
Buzios, 23 kilómetros al norte de Cabo Frío, es el punto destacado de la región y poseedor de una importante infraestructura turística: cuenta con más de 250 hospedajes, a lo que se suman gran cantidad de alquileres particulares y casi un centenar de establecimientos gastronómicos.
La mayoría de sus playas son estrechas franjas de arena, a excepción de Ferradura, de entorno familiar y protegida por una bahía; la vecina Geribá, abierta al mar, es el epicentro del surf y la movida nocturna.
Praia do Canto, un sitio de amarre en la zona céntrica, sólo puede aprovecharse durante la marea baja; Tartaruga, Forno, Dos Amores, Dos Ossos, Azeda y João Fernandinho son algunas de las pequeñas extensiones de arena que completan el circuito del sol.
La Rua das Pedras es el corredor donde las tiendas de moda ofrecen sus productos al paseante, antes de que la música y las luces de innumerables pubs lo seduzcan; cerca, frente a la Praia da Armação, la Orla Bardot homenajea con su nombre y una estatua a Briggitte Bardot, madrina de la ciudad y quien la diera a conocer al mundo.
Búzios es ideal para el buceo y la pesca, por la diversidad y cantidad de su fauna marina; los paseos en barco, además, permiten recorrer la costa en embarcaciones típicas que parten de Praia dos Anjos hacia el Pontal do Atalaia, con paradas en Cabo Frío, Praia do Farol y la Gruta Azul.
La Región de los Lagos es, en síntesis, un recorrido a través de sensaciones: urbanidad extrema y villas veraniegas se entremezclan con playas solitarias -de aguas tanto cálidas como frías- y pueblos salineros, cuyo punto final promete -y cumple- con un paraíso de semejanzas insulares que regala paisajes de tonalidades contrastantes de verdes y azules.

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