Una revista médica sostiene que hay 1.000 millones de personas viviendo en las villas de emergencia del planeta

Un estudio social publicado por la revista médica británica The Lancet expresa que hay actualmente en el planeta mil millones de personas viviendo en situación precaria y sujetas a vulnerables parámetros de salud en villas de emergencia.
La revista The Lancet resalta que los seres humanos están atravesando una transformación radical de su ecología, pues durante los dos últimos siglos la proporción de la población urbana ha crecido de un 5 por ciento a más del 50 por ciento.
Sus especialistas consideran que los “slums” (conglomerados de casillas) masivos se han convertido en situaciones mayores en ciudades de bajos y medianos ingresos.
Por ello sostienen que los “slums” son lugares no saludables, especialmente con grandes riesgos de infección y daños físicos, donde los niños son especialmente vulnerables.
Como detalle preponderante, creen que la combinación entre desnutrición y diarreas recurrentes inducen un crecimiento personal retrasado y a largo plazo efectos de mal desarrollo cognitivo.
El trabajo, firmado por trece científicos de reconocido prestigio, se titula “Historia, geografía y sociología de los tugurios y los problemas de salud de la gente que vive en ellos”.
La expresión inglesa para identificar a tales situaciones es “slums”, que también puede traducirse como “casuchas” y que en América latina suelen identificarse como “chabolas”.
Técnicamente, una “chabola” remite a una vivienda de escasas dimensiones y frágiles condiciones de habitabilidad, construida con materiales de desecho en suburbios sin urbanizar de grandes núcleos urbanos.
The Lancet remarca que “cuando los niños son trasladados a casuchas desde un hábitat campesino, pasan a padecer vulnerabilidad no bien llegan pues tienen escasa inmunidad frente a los microorganismos de su nuevo hábitat”.
Letrinas precarias, acumulación de basura, suciedad, proliferación de ratas e insectos, y carencia de agua confiable, constituyen el marco propicio para la proliferación de parásitos y otros vectores de enfermedad.
Es frecuente la leptospirosis, infección por contacto directo con orina o tejidos de animales infectados, con impactos expresivos como fiebre, cefaleas, dolores musculares, articulares y óseos, ictericia, insuficiencia renal, hemorragias y afectación de las meninges.
El profesor Richard J. Lilford, portavoz de los científicos actuantes, comenta que el crecimiento masivo de los “slums” no ha sido acompañado por un auge de la literatura científica afín al tema, que permanece en condiciones rudimentarias.
“Se la ve atrasada, en comparación con la abundancia de estudios dedicados generalmente a la salud urbana, a la salud rural, y a las vinculaciones entre la pobreza y la salud pública”, señala el médico.
El dictamen general de los especialistas que suscriben el informe, enfatiza que la salud en los “slums” debe ser estudiada específicamente ante impactos evidentes como la contaminación fecal, las aguas estancadas, las construcciones precarias y la saturación habitacional.
Resulta notoria una polémica surgida en el campo médico ante el uso del término “slum”, que algunos expertos consideran “emotivo y peyorativo”, y prefieren denominarlos como “asentamientos informales”.
Sin embargo, en la órbita de las agencias de Naciones Unidas se prefiere el uso del término “slums, y en el tratamiento de las Metas sobre Desarrollo Sustentable los análisis no toman como sinónimos al “slum” y al asentamiento informal.
La UNESCO (Organización de la ONU sobre la Ciencia, la Educación y la Cultura) se refiere al “slum” como espacio urbano, “un asentamiento contiguo donde los habitantes se caracterizan por lo inadecuado de su vivienda y sus servicios básicos”.
Por su parte, Hábitat ONU (Programa sobre Asentamientos Humanos) define a los “slums” como “un grupo de individuos que viven bajo un mismo techo donde hay carencia de una serie de condiciones favorables de habitabilidad”.
Entre ellas: acceso al agua confiable y servicios sanitarios apropiados, espacio suficiente para vivir, durabilidad del cobijo y permanencia segura.
The Lancet considera que la salud en los “slums” debe ser diferenciada de los conceptos dominantes en materia de salud urbana, tal como la ONU los trata en sus Metas sobre Desarrollo Sustentable y en la flamante Nueva Agenda Urbana.
En particular, porque no hay una unanimidad de criterios para asumirlos como entidades espaciales multidimensionales, que en el caso de la superpoblada China suelen ser caratulados como “aldeas en la ciudad”.
La ONU admite que existen dificultades técnicas para enumerar las poblaciones de los “slums”, porque sus ocupantes suelen estar ausentes o se esconden cuando acuden los censistas municipales, o los funcionarios urbanos tienen miedo de aventurarse en ellos.
Otra conexión de difícil contabilización en numerosos países reside en la agudización del éxodo rural hacia las zonas metropolitanas, lo cual va de la mano de las economías informales y, más todavía, por las limitaciones operativas de los agentes de salubridad urbana.
Que pueden llegar a prestar servicios de asistencia ante casos de riesgo extremo, pero que poco pueden hacer ante el déficit de higiene, el mal drenaje y el auge de suciedad, o males como el dengue, la fiebre tifoidea, los anquilostomas o el cólera.
En cuanto a la población infantil de los “slums”, The Lancet afirma que “los desórdenes neuropsiquiátricos son causantes principales de años de vida perdida, disfunción motriz y muerte prematura; sin olvidar los impactos de la realidad criminal de muchos entornos.